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Todo el pelo que tu Panterita se quita acicalándose acaba en su estómago. Cepillarla no es una cuestión estética: es la forma más directa de reducir las bolas de pelo y de que la casa no se llene. Aquí tienes cardadores, guantes, peines y quita pelo según su manto y su carácter.
Guía para elegir un cepillo
La mayoría de la gente llega aquí por una de estas tres cosas: pelo por todas partes, bolas de pelo que acaban en el suelo del salón, o una gata que empieza a tener nudos y ya no sabe por dónde meterle mano.
Lo que decide el cepillo adecuado son dos cosas: el tipo de manto, si es corto o largo, y cuánto se deja manipular. La segunda pesa más de lo que parece, porque el mejor cepillo del mundo no sirve si ella se larga a los diez segundos.
¿Por qué cepillar a un gato que ya se acicala solo?
Precisamente por eso. Un gato pasa buena parte del día limpiándose, y su lengua funciona como un peine: arrastra el pelo suelto hacia atrás y se lo traga. Ese pelo tiene que salir por algún sitio, y sale en forma de bola regurgitada o a través del tránsito intestinal.
Cuando cepillas, ese pelo se queda en el cepillo en lugar de en su estómago. Es la medida más eficaz contra las bolas de pelo, por delante de cualquier producto. Y hay dos situaciones donde pasa de recomendable a necesario: las épocas de muda, y las gatas mayores o con sobrepeso, que ya no llegan bien a la zona lumbar y empiezan a acumular pelo muerto y caspa justo ahí.
Tipos de cepillo
Cada uno hace una cosa distinta y no son intercambiables.
Guante de cepillado: el más fácil de aceptar, porque para ella es prácticamente una caricia. Retira pelo superficial y es la mejor forma de empezar con una gata que no se deja tocar. No deshace nudos ni llega al subpelo.
Cepillo de goma o silicona: la opción de referencia en pelo corto. Arrastra el pelo suelto por fricción y da un masaje que a muchos gatos les encanta. Con una o dos pasadas por semana basta para mantener el manto.
Cardador o cepillo slicker: púas finas y angulosas que llegan al pelo muerto del subpelo. Es el caballo de batalla en pelo largo y semilargo. Busca puntas redondeadas y usa mano suave, porque apretando se raya la piel.
Peine metálico: imprescindible en pelo largo. Es lo que te dice si de verdad has terminado: si el peine pasa de la raíz a la punta sin engancharse, está bien cepillada. También sirve para la zona de detrás de las orejas, donde se forman nudos con facilidad.
Quita pelo o deslanador: pensado para sacar subpelo muerto en cantidad durante la muda. Muy efectivo y por eso conviene no abusar: sesiones cortas y espaciadas, porque pasarse acaba dañando el pelo de cobertura.
Peine antipulgas: púas muy juntas que permiten detectar pulgas y su suciedad. No sustituye al antiparasitario, pero es la mejor herramienta de diagnóstico casero que existe.
Dónde sí y dónde no cepillar
La cabeza, el cuello y el lomo son zonas que casi todos los gatos aceptan, y ahí es por donde hay que empezar siempre. El problema suele estar en otras tres.
Las axilas y las ingles son donde el pelo se apelmaza antes en gatos de pelo largo, porque hay roce constante y el gato llega mal a limpiarse. Son las que más atención necesitan y, a la vez, las que más molestan, así que se trabajan al final y con paciencia.
La barriga es territorio sensible para prácticamente cualquier gato: es su zona más vulnerable y exponerla le pone en alerta. Y la barba y los bigotes están directamente prohibidos. Las vibrisas no son pelo, son órganos sensoriales con terminaciones nerviosas en la base, y tocarlas con un cepillo resulta muy desagradable. Si tu Panterita te bufa cepillándole la cara, ese es el motivo.
Cómo cepillar a una gata que no se deja
El error más común es intentar una sesión completa desde el principio. Empieza por treinta segundos en cabeza y lomo, y para antes de que ella quiera irse. Que termines tú y no ella es lo que hace que la próxima vez no huya al ver el cepillo.
Asocia el cepillado con algo bueno desde el primer día. Un churu mientras la cepillas funciona mejor que cualquier técnica: mientras está ocupada lamiendo, tú trabajas el lomo sin que se lo plantee. Es la forma más rápida de convertir una pelea en una rutina.
Aprovecha los momentos de sopor, sigue la dirección del pelo y para en cuanto veas señales de tensión: cola con nervio, orejas hacia atrás, piel del lomo que se contrae. Diez sesiones de treinta segundos valen más que una de diez minutos que acabe mal.
Con gatas mayores, cambia el enfoque por completo. Si hay artrosis, mantener una postura le duele, así que toca sesiones muy cortas, herramienta blanda y más masaje que cepillado. Lo importante ahí es retirar el pelo muerto que ya no puede quitarse ella, no dejarla perfecta.
Nudos, muda y frecuencia
En pelo corto, dos o tres veces por semana. En pelo largo o semilargo, a diario, y no es exageración: un persa o un maine coon sin cepillar genera nudos en cuestión de días. En época de muda, sube la frecuencia en ambos casos.
Con los nudos, una advertencia que conviene tener clara: no los cortes con tijeras. La piel del gato es muy fina y se levanta con el nudo, así que es facilísimo cortarla sin darte cuenta. Los pequeños se abren con los dedos y un peine de púas separadas, trabajando desde la punta hacia la raíz y sujetando la base del pelo para no tirar. Los grandes o pegados a la piel, a un profesional.
Si además tu Panterita tiene tendencia a las bolas de pelo, el cepillado se puede combinar con productos de apoyo. Tienes opciones en suplementos naturales para gatos.
Preguntas frecuentes
¿Cada cuánto tengo que cepillar a mi gata?
En pelo corto, dos o tres veces por semana. En pelo largo, a diario. En época de muda, más a menudo en ambos casos.
¿Qué cepillo compro si es mi primero?
Un guante o un cepillo de goma si tiene el pelo corto o si no se deja tocar mucho. Un cardador de puntas redondeadas y un peine metálico si es de pelo largo.
Mi gata huye al ver el cepillo, ¿qué hago?
Sesiones de treinta segundos, solo en cabeza y lomo, y siempre acompañadas de algo que le guste mucho, como un churu. La idea es que asocie el cepillo con lo bueno antes de que empiece el trabajo de verdad.
¿Por qué me bufa cuando le cepillo la cara?
Porque los bigotes y la barba son zona sensible. Las vibrisas son órganos sensoriales, no pelo, y pasar un cepillo por ahí le resulta muy incómodo. Esa zona no se cepilla.
¿Puedo cortar los nudos con tijeras?
No. La piel del gato es muy fina y se levanta junto con el nudo, así que el riesgo de cortarla es alto. Los pequeños se deshacen con peine y paciencia; los que están pegados a la piel, a un profesional.
¿Y si mi gata es mayor y ya no se limpia sola?
Es bastante habitual con la edad o el sobrepeso, porque dejan de llegar a la zona lumbar. Usa herramienta blanda, sesiones muy cortas y ten en cuenta que si hay artrosis, mantener la postura le puede doler.
